Plantean poner color al Centro Histórico de Arequipa

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Plantean poner color al Centro Histórico de Arequipa

Plantean poner color al Centro Histórico de Arequipa

¿Arequipa tenía color en sus casonas?, es una interrogante que salta a la vista, luego que César Coloma Porcari, presidente del Instituto Latinoamericano de Cultura y Desarrollo publicara un artículo donde califica como “falsa” e “interesada” las expresiones de que la ciudad tuvo casonas en diferentes colores, pues asegura que las construcciones de antaño eran en sillar caravista, sin revoque ni pintura.

Lo cierto es que la verdad histórica no acepta medias verdades, así que en busca de respuestas iniciamos conversaciones con profesionales de diferentes ramas. El primero en manifestar que la afirmación de Coloma Porcari no se ajustaría a la verdad, es el historiador Mario Rommel Arce Espinoza, actual director de la Biblioteca Regional Mario Vargas Llosa. Así se inicia un debate, con fuente secundaria en mano sale a dar su apreciación sobre la Arequipa de antaño, de la que todos los aquí nacidos nos sentimos orgullosos.

Con el tercer volumen de “Estudios históricos de Arequipa” del historiador Alejandro Málaga Medina en mano, Arce Espinoza hace alusión al título: “La casona arequipeña del siglo XVIII”. Sin titubear, más bien enfático, listo para refutar expresiones de Coloma Porcari. “Desde mediados del siglo XVIII los techos de teja y paja ceden el paso a los de bóveda de sillar, que le permiten el calificativo de Ciudad Blanca, la fachada y muros de los patios se pintaban generalmente de color azul, rojo, amarillo y plomo, de manera que se denomina Ciudad Blanca, por el color de su techo y no por muros y fachadas, antes de pintarse los muros se cubrían con una lechada especialmente preparada… Se adhería fuertemente al sillar y los protegía de posibles enfermedades, como la denominada lepra. Los paramentos exteriores no se estucaban ni empastaban porque les causaban daño, solo se revocaban”, dice el texto aludido por el director de la biblioteca.

Pero no solo con la fuente secundaria se quedó el historiador, inmediatamente mostró en el segundo patio de la casona que guarda los libros del premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, allí se conserva parte de la policromía de las paredes interiores del predio, lo mismo en una de las habitaciones. Colores como plomo, rojo, amarillo, azul y blanco se conservan como parte de todo trabajo de restauración.

“Los colores en el Monasterio de Santa Catalina, no son parte de un moda reciente, mucho menos en otras casonas, Arequipa siempre fue de color. El alcalde René Forga quiso conservar nuestra ciudad y su arquitectura, pero nunca tuvimos sillar caravista, hasta entonces”, expresó Arce Espinoza.

La afirmación de Arce Espinoza sobre el color de Arequipa no es única, por el contrario, son más los profesionales y estudiosos que así los reafirman. “No siempre fue pálida, mucho menos blanco perlado, ni color ceniza. Era más bien el reflejo de colores del mestizaje. Azulacho, lúcuma, naranjas, plomo o gris, granate, vino y otro asemejado al color del concho de la chicha”, así describió, en su momento, el rostro de la ciudad de antaño, el historiador Juan Guillermo Carpio Muñoz.

La ciudad reflejaba su historia misma. Rojos oscuros y lúcuma –según el historiador-, de nuestros antepasados indios, colores que también empleaban en sus confecciones textiles. También los azulachos y celestes de los extranjeros que llegaron a Arequipa. “El color es razón de estética. Nuestras paredes eran de color intenso y las cornisas siempre blancas”, expresó Carpio Muñoz como parte de su discurso de orden por el 14º aniversario de la Declaratoria del Centro Histórico de Arequipa como Patrimonio Cultural de la Humanidad realizada por la Unesco.

El estudioso recordó además que fue durante el periodo de alcaldía de René Forga Sanmarti, entre los años 1979 y 1980, cuando se empezó a empalidecer el rostro de la ciudad, empezando así la tendencia de las casonas con sillar caravista, que con el paso del tiempo están siendo deterioradas con la contaminación ambiental, generada especialmente por el parque automotor.

Quien es de la idea que siempre habrá cosas por mejorar en la ciudad, es el arquitecto Gonzalo Olivares Rey de Castro, quien meses atrás demandó, más que nunca que se debe empezar a recobrar su color. “Siempre fui un promotor de darle el color de antaño al Centro Histórico”, expresó.

Por su parte, el arquitecto Mauricio Huaco expresó que existen vestigios de color en las casonas de la ciudad, y consideró que debió ser así porque de alguna manera ayuda a paliar la resolana de la radiación ultravioleta.

EL COLOR CON SU TÉCNICA

El arqueólogo Pablo de La Vera Cruz Chávez también es enfático en expresar que Arequipa siempre tuvo color, ancestralmente no existía el sillar caravista, como en la actualidad. Acotó que existieron dos vertientes del color, la primera andina y la otra traída de España, coincide de alguna manera con lo expresado por Carpio Muñoz.

“Lamentablemente quedan pocos monumentos de los siglos XVI y XVII, pero se puede apreciar que la portada del templo de la Compañía tenía color”, afirmó el especialista. “Azules, amarillos, pero también pintaban de blanco. O de color o de blanco, nunca fueron caravista”, aseveró.

Para De la Vera Cruz Chávez, no solo existieron pinturas en un solo color, sino que en interiores se tuvieron algunos diseños barrocos, eran pinturas murales, así se pueden apreciar en diferente casonas, aunque pocas.

“En los años 70 las paredes fueron perdiendo el color. Arequipa perdió parte de su identidad polícroma, y hoy es difícil de controlar”, lamentó el arqueólogo, quien acotó que sería interesante recuperar los colores en las casonas, pero no se trata de utilizar esmaltes más sofisticados, porque podrían afectar el sillar, sino más bien apelar a técnicas ancestrales.

Para pintar se debe preparar cal con tierras de color, años atrás eran traídos los insumos desde Europa, inclusive se utilizaba el mucílago de la penca de la tuna, como ingrediente para dar color a las paredes de Arequipa colonial. Todo forma parte de la mencionada sustancia lechosa que hace alusión Alejandro Málaga Medina. La cal formaba parte de las técnicas para conservar las infraestructuras, pues el especialista señaló que la cal es como el vino, mientras más años pasan mejor, no se traduce en un mejor sabor como la bebida, pero sí en una capa más dura de protección del sillar del cual fue construido nuestro Patrimonio Cultural de la Humanidad, protegido por la Unesco desde el año 2001 y que todos debemos conservar.

Fuente: El Pueblo