Melgar, primer poeta romántico del Perú

0
353

Melgar, primer poeta romántico del Perú

Fue el mas joven y encendido héroe peruano en la lucha por la independencia de su patria, y para Arequipa, el hijo que simbolizó todas las virtudes del pueblo que lo vio nacer hace poco más de dos siglos, el 8 de agosto de 1790.

A la vez, fue un brillante poeta. Su obra literaria ha sido comentada por los más destacados autores y críticos de las letras peruanas. José Carlos Mariátegui, Luis Alberto Sánchez, Raúl Porras Barrenechea, Aurelio Miró Quesada, los hermanos Cornejo Polar y Antonio Cisneros, entre muchos otros, ellos lo han nombrado como el iniciador de la poesía romántica en el Perú. Mariano Melgar fue un niño prodigio: a los 3 años de edad ya sabía leer, antes de cumplir los 8 dominaba el latín, y a los 12 hablaba el inglés y el italiano. Creció en un ambiente muy religioso, y en esa estela era natural que ingresara en el Seminario de San Jerónimo de Arequipa.

Allí recibió, a los 8 años de edad, la prima tonsura (en religión, grado preparatorio para recibir órdenes menores) del obispo Pedro Chávez de la Rosa. Cursó estudios de Filosofía y Teología, y a los 19 daba clases de Latinidad y Retórica, Física, Matemáticas y Filosofía, cosa que acaso no se ha vuelto a repetir en el devenir de nuestra historia.

Pero en esa ruta no tardó en descubrir que el sacerdocio no era su vocación, por lo que decidió colgar los hábitos para seguir su verdadera querencia: la poesía, el foro, el magisterio. Fue en esa coyuntura que conoció a Silvia Santos Corrales, la gran inspiradora de sus versos.

En 1812, persuadido por sus padres, viajó a Lima para estudiar jurisprudencia (pretexto para alejarlo de Silvia) en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Su estancia en la capital coincidió con las manifestaciones a favor de la independencia. Entusiasmado por esa corriente revolucionaria, escribió sus odas ‘A la libertad’ y ‘Al Conde de Vista Florida (Baquíjano y Carrillo)’.

Retornó a Arequipa en 1814 y sintió que el mundo se le vino abajo al ver que su amada Silvia había cedido a la oposición de sus padres. Probablemente, dicen algunos de sus biógrafos, a ello se debió la excelente traducción de los Remedia amoris, de Ovidio, que dejó inédita, y la ‘Carta a Silvia’.

Para Melgar, el romanticismo no era imitación de lo que ya se hacía en España y Francia, sino un sentimiento profundo y propio. De ahí que abrazara el sentir andino-mestizo que nadie había osado expresar hasta ese entonces en una sociedad tan conservadora y pacata, lo que se agravaba por el asfixiante centralismo limeño.

Visto desde esa perspectiva, Melgar es el iniciador de la poesía verdaderamente peruana, que deja de lado los estilos europeos para asumir un carácter propio.

Melgar es, pues, uno de los primeros románticos del siglo XIX, más conocido por su poesía triste, de lamentación y soledad, que fluye de los yaravíes (cantos sentimentales de las zonas andinas del sur). Yaraví viene del quechua jarawi, aire que tuve la suerte de escuchar en casa, desde muy pequeño, en la guitarra de mi padre y en la voz trémula, herida, de unos parientes. ‘La paloma’ es un yaraví que, a fuerza de tanto repetirlo, recuerdo hasta hoy. Comenzaba así:

Paloma blanca, piquito de oro,
no te remontes por esos montes,
porque yo lloro…

El yaraví se cantó en Lima hasta hace unos 30 años. Ya adulto, tuve la suerte de escucharlo en algunas reuniones de Caretas a las que Doris Gibson –fundadora de la revista– solía llevar a un dúo de characatos que lo interpretaba con ese tono triste y quejumbroso que lo caracteriza.

(El yaraví –dice Francisco García Calderón– es el ¡ay! que emite el alma cuando está agobiada por un pesar o por un amor desgraciado. No es el acento ardoroso del odio ni la desgarradora expresión de la venganza, sino el gemido de quien ve perdido su amor y continúa queriendo.)

Al verse desairado por Silvia, el poeta se retiró al valle de Majes para tratar de olvidarla. Fue allí cuando se enteró de la revolución liberadora de Pumacahua, a la cual se adhirió inmediatamente. Peleó en la Batalla de Umachiri (Puno) dirigiendo la batería, hasta que el poderoso Ejército realista arrasó con las tropas rebeldes. Fue apresado y sometido a un consejo de guerra, y fusilado al día siguiente, 11 de marzo de 1915, en el mismo campo de batalla. Aún no había cumplido los 25 años de edad.

Una provincia puneña, el estadio monumental en su natal Arequipa, una gran unidad escolar en Lima, plazas y avenidas llevan su nombre que, con solo pronunciarlo, enciende el recuerdo del poeta que lo dejó todo para abrazar la causa de la independencia. Nada más bello y heroico.

Fuente : El Peruano