El callejón de la Catedral – Arequipa

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El callejón de la Catedral - Arequipa

El callejón de la Catedral - Arequipa

Al compás de las 12 campanadas del reloj inglés de la Catedral, un alma en pena recorre el callejón de lado a lado. Ataviado con un viejo hábito franciscano. Quienes lo observaron corroboraron que carecía de cabeza.

Una de las versiones, relata que el religioso fue decapitado por hijo de un noble español tras una discusión. Por infortunio, un perro había llevado la cabeza a un recoveco de los alrededores. Todas las noches, el cura salía en su búsqueda. La leyenda urbana es contada por el escritor Pablo Nicoli.

El conocido pasaje de la Catedral que ha inspirado cuentos fantásticos que atemorizaban antiguamente, ahora es acogedor. Mesas y sillas donde visitantes comparten comida o alguna bebida, protegidos por sombrillas.

Es el paso de transeúntes para alejarse por un instante de la bocina de los vehículos. Proliferan los carteles prohibiendo el comercio ambulatorio, que músicos y artesanos omiten en búsqueda de alguna propina.

Al ingreso por la calle San Francisco se luce una placa que dice: “Callejón de la Catedral Cuartel N° 1”. Una huella histórica que corresponde a la época en que Arequipa se dividió en cuatro cuarteles. En 1836 las municipalidades fueron declaradas en receso y en su lugar reemplazadas por intendentes de policías. En esa época rigió un reglamento con prohibiciones y restricciones para los ciudadanos.

LA VARIEDAD Y LAS HUELLAS BORRADAS

Desaparecieron las marcas de los canteros en el callejón. El arquitecto, William Palomino comentó que los conocidos como picapedreros marcaban las piezas de sillar como seña del número de piedras talladas, lo que permitía el pago realizado por el maestro constructor o los propietarios. “La inexistencia de las señas evidencia que han sido absolutamente modificados”, remarcó. Palomino opinó que mantenerlas intactas, ayuda a autenticar las huellas del pasado.

La zona ha sufrido cambios que son perceptibles observando detalladamente los muros del pasaje. Hay elementos de la arquitectura como, por ejemplo, arcos, pilastras (columnas pequeñas) y pilón (columnas grandes), entre otros, cerca a puertas o ventanas que antes no existieron.

También se aprecian varios “cocidos en la arquitectura”, especie de parches realizados para realizar alguna modificación. La evidencia está en que no coinciden las filas de sillares, es decir no hay continuidad.

En el pasaje Catedral existe arquitectura de transición, neoclásica, y elementos renacentistas y neoperuanos de arquitectura internacional. Una de las fachadas principales del callejón es la que corresponde a la Basílica Catedral.

Su promotor fue el sacerdote de las Islas Canarias, José Antonio Pereyra, conocedor de todas las disciplinas y artes, determinó cómo debe construirse la primera fachada neoclásica de la ciudad y el alarife Juan Salazar le dio forma al pensamiento. Históricamente la arquitectura arequipeña tuvo tres etapas: renacentista, barroca como La Compañía y Casa Tristán del Pozo y la tercera, neoclásica, precisó Palomino.

La arquitectura de estilo neoclásico es más sobria, no hay decoración en las columnas, ni elementos de composición artística que corresponde más al estilo barroco. Sin embargo, lo particular es que guarda simetría y las reglas de la época. La fachada posterior de la Catedral guarda proporción en los anchos de las columnas.

Para, Palomino, la mencionada fachada es “la primera expresión de la arquitectura neoclásica, e incluso los antecedentes del academicismo moderno de Arequipa”, remarcó. La construcción sería de 1848 y el sillar utilizado de las canteras de Alto Misti e Independencia. Al frente hay otra fachada que corresponde a la arquitectura inglesa que aparece en 1871, el sillar empleado debe proceder de las canteras de Añashuayco, precisó. La fachada del Cabildo Metropolitano también se construyó a imagen y semejanza de la construcción de la fachada lateral de de la Catedral, como evidencias están las pilastras (columnas), pero con menor proporción.

ENFERMEDAD

El pasaje Catedral tiene grafitis sobre los cuales pasaron pintura blanca para esconderlos. Además hay zonas que reflejan su enfermedad: tiene purulencia. El arquitecto explicó que el problema sería por la humedad del subsuelo que produce sal que se acumula y afecta el sillar. Opinó que hay dos opciones: darle solo tratamiento para que quede como una huella del pasado, y la otra cambiarla totalmente, es decir sustituir la piedra. Palomino prefiere que permanezca la evidencia.

Un paseo por la zona, también revela que algunas fachas tuvieron color azulino y huellas del estucado de los muros. Además, hay una capilla abierta, de la cruz, cerca a la calle Santa Catalina, al que acuden cada año un grupo de fieles.

APORTE
El arquitecto Palomino opinó que el pasaje cumple su función, es una calle interior, peatonal, lo nuevo son los arboles de mora, que es referente si en algún momento alguien quiere replantear la arborización dentro de la ciudad. Pero agregaría algunas reseñas con la historia de la zona.

ACEQUIA, REJAS Y PAVIMENTO

Palomino mencionó que la información que existe del callejón de la Catedral, está vinculada a las antiguas acequias prehispánicas que pasaban bajo las calles de la ciudad. Según registro realizados, uno de los acueductos pasaba por la antigua acequia de la Coa, por las calles Cruz Verde y el otro cruzaba por el pasaje que actualmente mantiene un desnivel.

Precisó que el primer tipo de pavimento que tuvo el pasaje Catedral debió ser empedrado, luego colocaron lozas pero se deformaron con el paso del tiempo, de ahí la intervención realizada en la gestión del exalcalde Cáceres. Las rejas que existen tampoco son originales de la época, se realizaron sobre la década de los 90. Palomino participó en su diseño siendo universitario.

EL CURA Y EL ALCALDE

“El callejón era terrible. Habían seis cantinas de mala muerte, borrachos y prostitutas”, comentó a su estilo el exalcalde de Arequipa Luis Cáceres Velásquez. En su primera gestión, mejoró el aspecto del callejón con ayuda del arzobispo emérito de Arequipa, Fernando Vargas Ruiz de Somocursio, a quien consideraba su amigo.
“Los recursos provinieron de los alquileres de los locales de propiedad del Arzobispado”, comentó Cáceres. La obra demoró para su ejecución y fue inaugurada el 24 de marzo de 1988. El Pueblo, informó la noticia. La obra fue valorizada en 2 millones 700 mil soles.

Hubo dos padrinos, uno de la obra general, el Prelado Vargas Ruiz de Somocursio, y el ingeniero Enrique Mendoza Núñez de la iluminación. Asistieron los embajadores de Alemania y Finlandia, así como las autoridades civiles y militares.

En el artículo publicado en el diario, cuyo ejemplar está reservado en la biblioteca municipal, Cáceres menciona que los trabajadores demoraron por la falta de especialistas en el labrado de la piedra (picapedreros), que solo existían siete. La inauguración fue acompañada por la banda del Ejército, fuegos artificiales y grupos folclóricos.

Fuente: El Pueblo